Celebran los cien años de la primera visita de Gardel a Córdoba

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Será el viernes en Studio Theater, el local de Rosario de Santa Fe 272 donde en el siglo pasado funcionaba el teatro Novedades. Con entrada libre y gratuita actuarán el Ensamble Municipal de Música Ciudadana, representantes de departamento de Música de la Universidad Nacional, Tsunami Tango, Milonga Plaza San Martín y Orquesta Típica Ciriaco.

 

Cuando su nombre definía apenas a un cantor con aspiraciones, un par de décadas antes de que deviniera en mito, Carlos Gardel era una visita frecuente en la Córdoba de comienzos del siglo 20. Precisamente por estas horas se cumplen 100 años de su actuación en el ya desaparecido teatro Novedades, escenario que ahora, transformado en Studio Theater se dispone a homenajearlo con una intervención artística a toda orquesta que incluirá al Ensamble Municipal de Música Ciudadana, representantes de departamento de Música de la Universidad Nacional, Tsunami Tango, Milonga Plaza San Mrtín y Orquesta Típica Ciriaco.

Con tres países que se disputan ser el lugar donde vino al mundo y una biografía con bastante puntos oscuros para alimentar la leyenda, el hombre al que siempre le bastaron un funyi y una media sonrisa para convertirse en el arquetipo del porteñismo, venía una y otra vez a Córdoba donde dejó huellas de su talento interpretativo ante el público nutrido de teatros convencionales y también en diminutos cabarets orilleros o en el escenario privilegiado del patio de una humilde casa de extramuros.

En el sitio web Club de Tango, José Pedernera asumió la tarea de reconstruir cada una de las presentaciones oficiales del Zorzal en Córdoba. La primera se produjo el sábado 11 de julio de 1914 en el Novedades de Rosario de Santa Fe 272. Esa noche, la compañía Vittone – Pomar ponía  es escena “El Cabaret”.

Los biógrafos locales aseguran que Gardel se alojó en el hotel Victoria  de la calle 25 de mayo y que, en una  animada charla con el hijo del dueño, se permitió recomendarle que concluyera sus estudios universitarios para no tener que enfrentar las vicisitudes de una existencia azarosa como la de los artistas.

“Recibite de odontólogo, pibe, y no hagas como yo, que me tengo que ganar la vida cantando de lugar en lugar” dicen que dijo el hombre que a 79 años de su  muerte cada día canta mejor, como se han permitido afirmar sus fanáticos. Pero en Córdoba Gardel no sólo intentaba dar consejos prudentes y conformar a sus admiradores. Una reseña publicada nueve años atrás por el matutino La Mañana, le atribuye salir muy seguido de farra, apenas colgaba el smoking.

“Pasaba por el bar El Calicanto, sobre La Cañada. Después se encaminaba hacia el bajo, zona orillera, tanguera y prostibular, cerca de los mercados Norte y de Abasto y de las márgenes del Suquía. Sus compañeros de juerga eran el guitarrero y cantor Cristino Tapia -de quien el dúo Gardel-Razzano grabara una docena de composiciones-, el bandoneonista Ciriaco Ortiz -que había tocado con Troilo- y José María Llanes, alias el “Cabeza Colorada”.

Gardel frecuentaba, según los mismos biógrafos, el  bar de Ciriaco en Alvear al 700, un local pequeño  al que acudían empleados de los mercados Norte y de Abasto que se juntaban a escuchar tangos, valses, milongas y chacareras  hasta cerca de las 5 de la mañana cuando llegaba la hora de empezar a trabajar.

Noctámbulo empedernido, el Morocho del Abasto dejaba un bar para entrar a otro y por simple proximidad, si la fiesta decaía en lo de Ciriaco se llegaba hasta  la calle Libertad donde los hermanos Pepe y Trinidad Sauret regenteaban el Victoria. Si todavía quedaba noche  podía optar por el Petit Pelayo, de Maipú y Oncativo, o el As de Copas, de Rivadavia y Rincón.

Pero no sólo entre el humo de los puros, el  champán y las milongas discurrían las horas libres de Gardel en La Docta. Amigo de sus amigos, también solía  aparecer por la casa de los padres de Cristino Tapia en barrio Talleres donde siempre era bienvenido  y solían aguardarlo con un pucherito de gallina o un asado.

Gobierno de la Provincia